si no totalmente compuesta por orientales, como veremos en el capítulo siguiente; pero parece probable que esta secta, al tiempo que inspiraba en secreto a los masones de la Rosa-Cruz, estuviera ella misma sin nombre o oculta bajo un disfraz.
Así, en 1782, un francmasón inglés escribe: «He encontrado en Argel algunos manuscritos bastante curiosos en hebreo relativos a la sociedad de los Rosacruces, que existe actualmente con otro nombre y con las mismas formas. Espero, además, ser admitido en su conocimiento».
Se ha argumentado con frecuencia que los judíos no pudieron haber desempeñado ningún papel en la masonería en este período, ya que ellos mismos no eran admitidos en las logias. Pero esto no es en absoluto seguro; en el artículo de The Gentleman's Magazine ya citado se afirma que los judíos son admitidos; de Luchet cita además el caso de David Moses Hertz, recibido en una logia de Londres en 1787; y el autor de Les Franc-Masons écrasés, publicado en 1746, afirma haber visto a tres judíos ser recibidos en una logia en Ámsterdam.
En las «Logias de Melquisedec» del Continente se admitía abiertamente a los no cristianos, y también aquí el grado de Rosa-Cruz ocupa el lugar más importante. Los grados más altos de este rito eran los Hermanos Iniciados de Asia, los Maestros de los Sabios y los Sacerdotes Reales, también conocidos como el grado de Melquisedec o