etc.
En el Rito de Perfección, tal como se practica en Francia y América, esta influencia cabalística se muestra en aquellos grados conocidos bajo el nombre de los "Grados Inefables", derivados de la creencia judía en el misterio que rodea al Nombre Inefable de Dios.
Según la costumbre de los judíos, el nombre sagrado Jehová o Jah-ve, compuesto por las cuatro letras yod, he, vau, he, que formaban el Tetragrámaton, no debía ser pronunciado jamás por los profanos, quienes estaban obligados a sustituirlo por la palabra "Adonai".
El Tetragramatón solo podía ser pronunciado una vez al año en el Día de la Expiación por el Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo en medio del sonido de trompetas y címbalos, que impedían que el pueblo lo oyera. Se dice que a consecuencia de que el pueblo se abstuvo así de su pronunciación, la verdadera pronunciación del nombre se perdió al fin.
Los judíos además creían que el Tetragrámaton poseía poderes ilimitados. «Quien lo pronuncia hace temblar el cielo y la tierra, e inspira asombro y terror a los ángeles mismos».
El Nombre Inefable confería así dones milagrosos; estaba grabado en la vara de Moisés y le permitía realizar prodigios, tal como, según el Toledot Yeshu, confería los mismos poderes a Cristo.
Esta superstición formaba claramente parte de la tradición rosacruz, pues el símbolo del Tetragrámaton dentro de un triángulo, adoptado por las logias masónicas,