vista de Ramsay tal como lo expone en su relato de su conversión por obra de Fénelon. Cuando conoció por primera vez al arzobispo de Cambrai en 1710, Ramsay relata que había perdido la fe en todas las sectas cristianas y se había propuesto «refugiarse en un deísmo prudente limitado al respeto a la Divinidad y a las ideas inmutables de la virtud pura», pero que su conversación con Fénelon lo llevó a aceptar la fe católica.
Y continúa demostrando que «monseñor de Cambrai convirtió a ateos en deístas, a deístas en cristianos y a cristianos en católicos mediante una secuencia de ideas llena de luces y de sentimiento».
¿No podría ser este el proceso que Ramsay pretendía introducir en la francmasonería —el proceso que de hecho forma parte del sistema masónico en Inglaterra hoy en día, donde el ateo debe convertirse, al menos por profesión, en deísta antes de poder ser admitido en los Grados del Oficio, mientras que el grado Rosa-Cruz se reserva exclusivamente para aquellos que profesan la fe cristiana—?
Tal era sin duda la idea de los hombres que introdujeron el grado de la Rosa-Cruz en Francia; y Ragon, que da cuenta de esta «Antigua Rosa-Cruz Francesa» —la cual es casi idéntica al grado que se practica actualmente en Inglaterra, pero abandonada hace tiempo en Francia—, le pone reparos precisamente debido a su carácter cristiano.
A este respecto, la Rosa-Cruz,