las cosas son... como si estuvieran ocultas en la majestad de la verdad o como... en misterios muy sagrados».
Otra obra, Examen de la desconocida y novedosa cábala de los Hermanos de la Rosa-Cruz, coincide con la afirmación de que el jefe de este «execrable colegio es Satanás, que su primera regla es la negación de Dios, la blasfemia contra la Trinidad más simple e indivisa, el pisoteo de los misterios de la redención, el escupir en el rostro de la madre de Dios y de todos los santos».
La secta es acusada además de pactos con el diablo, sacrificios de niños, de criar sapos, fabricar polvos venenosos, bailar con demonios, etc.
Ahora bien, aunque todo esto parezca bastante incompatible con el carácter de los rosacruces por lo que se conoce de él, ya hemos visto que las prácticas aquí descritas no eran en absoluto imaginarias; en este mismo siglo XVII, cuando la fama de los rosacruces comenzó a difundirse, la magia negra era todavía, como en los días de Gilles de Rais, una horrible realidad, no solo en Francia, sino en Inglaterra, Escocia y Alemania, donde hechiceros de ambos sexos eran continuamente condenados a muerte.
Por mucho que podamos deplorar los métodos empleados contra esta gente o cuestionar el origen sobrenatural de su culto, sería vano negar que el culto en sí existía.
Además, hacia finales de siglo adquirió en Francia