atestigua la primera referencia en los Hechos, algunos de los primeros cristianos tras la muerte de Cristo se constituyeron en un cuerpo que tenía todas las cosas en común, pero no hay la más mínima evidencia de que Cristo y sus discípulos siguieran este principio. Los solitarios pasajes del Evangelio de San Juan, que son todo lo que el Dr. Ginsburg puede citar en apoyo de esta afirmación, pueden haberse referidos a un cepillo de limosnas o a un fondo para ciertos gastos, no a un fondo común de toda la riqueza monetaria.
Aún menos hay prueba alguna de que Cristo abogara por el comunismo para el mundo en general. Cuando el joven que tenía muchas posesiones preguntó qué debía hacer para heredar la vida eterna, Cristo le dijo que guardara los mandamientos, pero ante la pregunta del joven sobre qué más podía hacer, respondió: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres».
La renuncia —pero no la puesta en común— de toda la riqueza era, por tanto, un consejo de perfección para los pocos que deseaban dedicar sus vidas a Dios, como siempre lo han hecho los monjes y las monjas, y no guardaba relación alguna con el sistema comunista de los esenios.
El Dr. Ginsburg continúa diciendo:
El esenismo colocaba a todos sus miembros en el mismo nivel, prohibiendo el ejercicio de la autoridad