que no deseaba quedarse ni apropiarse de ninguna parte de los bienes de los templarios, sino que, de forma generosa y devota, los dejó en manos nuestras y de la Iglesia para que fueran administrados», etc.
Así se viene abajo toda la teoría relativa al motivo por el cual los templarios fueron suprimidos; una teoría que, al ser examinada, se ve que está construida enteramente sobre el plan de imputar motivos sin justificación alguna en los hechos.
El Rey actuó por codicia, el Papa por servidumbre y los templarios confesaron por miedo a la tortura; sobre estas puras hipótesis basan sus argumentos los defensores de la Orden.
Lo cierto es, con mucha más probabilidad, que si el