con el cristianismo, que desciende desde Moisés, David y Salomón hasta los esenios y los judíos más ilustrados; y * en tercer lugar, la Cábala pervertida, mezclada por los rabinos con magia, supersticiones bárbaras y —tras la muerte de Cristo—
Cualquiera que haya sido el elemento cabalístico introducido en la Masonería Operativa y Especulativa en la época de las Cruzadas, parece haber pertenecido a la segunda de estas tradiciones, la Cábala no pervertida de los judíos, conocida por los esenios. Existen, de hecho, notables semejanzas entre la masonería y el esenismo —grados de iniciación, juramentos de secreto, el uso del mandil y un determinado signo masónico—, mientras que a las tradiciones sabeístas de los esenios tal vez puedan atribuirse el simbolismo solar y estelar de las logias. La leyenda hiramita pudo haber pertenencido a esa misma tradición.
# La Tradición Templaria
Si entonces no se puede presentar ninguna prueba documental que demuestre que la leyenda salomónica o cualquier rastro de simbolismo y tradiciones judaicas existieron ya sea en los monumentos de la época o en el ritual de los masones antes del siglo XIV, es sin duda razonable reconocer la plausibilidad de la tesis expuesta por un gran número de escritores masónicos —particularmente en el continente— de que los elementos judaicos penetraron en la masonería por medio de los templarios.
Los templarios, como ya hemos visto, habían tomado su nombre del Templo de Salomón en Jerusalén.