Al mismo tiempo, el calendario persa fue adoptado por los Illuminati.
Es evidente que esta pretensión de zoroastrismo era una pura farsa, al igual que la posterior pretensión de cristianismo por parte de Weishaupt; de las verdaderas doctrinas de Zaratustra no muestra la menor noción —ni insiste más en el punto—, pero el pasaje anterior sin duda daría pábulo a la teoría de que su sistema se fundaba en parte en el maniqueísmo, es decir, en un zoroastrismo pervertido, transmitido a él por un hombre de Oriente, y de que los métodos de los batíes y los fatimíes pudieron habérsele comunicado a través del mismo canal.
De ahí el extraordinario parecido entre su plan de organización y el de Abdullah ibn Maymūn, que consistía en la intriga política más que en la especulación esotérica.
Así, en el sistema de Weishaupt, la fraseología del judaísmo, las leyendas cabalísticas de la masonería y las imaginaciones místicas de los martinistas no desempeñan al principio ningún papel en absoluto. Hacia todas las formas de «teosofía», ocultismo, espiritismo y magia, Weishaupt no expresa más que desprecio, y los masones de la Rosa-Cruz son puestos al mismo nivel que los jesuitas por los Illuminati como enemigos a los que es necesario burlar a cada paso.
En consecuencia, ningún grado de Rosacruz encuentra cabida en el sistema de Weishaupt, como sí ocurre en todas las demás órdenes masónicas de la época