banqueteaban en el Goose and Gridiron claramente no eran conspiradores; no eran partidarios ni de los Estuarios ni de los republicanos, ni fanáticos católicos ni luteranos, ni alquimistas ni magos, ni tampoco puede suponerse que fueran simples juerguistas. Si tenían inclinaciones políticas, ciertamente no apoyaban a los Estuardo; por el contrario, por lo general se decía que sus simpatías eran hannoverianas; de hecho, el Dr. Bussell llega al extremo de afirmar que la Gran Logia se instituyó para apoyar a la dinastía hannoveriana.
Quizá estuviera más cerca de la verdad concluir que, si eran hannoverianos, se debía a que eran constitucionales, y una vez establecida ya la dinastía hannoveriana, deseaban evitar mayores cambios. En una palabra, pues, eran simplemente hombres de paz, ansiosos por poner fin a las disensiones, quienes, al ver el sistema de la masonería utilizado con el propósito de promover la discordia, decidieron arrancarlo de las manos de los intrigantes políticos y devolverlo a su carácter original de hermandad, aunque no de hermandad únicamente entre albañiles operativos, sino entre hombres procedentes de todas las clases y profesiones. Mediante la fundación de una Gran Logia en Londres y la redacción de un ritual y unas «Constituciones», esperaban prevenir la perversión de sus signos y símbolos y establecer la Orden sobre una base firme.
Según Nicolai, este propósito pacífico ya había animado a los masones ingleses bajo el maestrazgo de sir Christopher