Codal
nydus/Secret Societies and Subversive MovementsPublic
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Prefacio

que había de ser «luz para alumbrar a las gentiles» [o a las naciones] así como la gloria del pueblo de Israel.

Pero para los judíos, en cuyas manos la antigua tradición se había convertido en exclusivo beneficio de la raza judía, para los rabinos, que además se habían erigido en los únicos guardianes dentro de esta nación de dicha tradición, el modo de su cumplimiento resultaba necesariamente aborrecible. En lugar de un Mesías refulgente que ellos debían presentar al pueblo, nació un Salvador en el seno del propio pueblo y fue llevado a Jerusalén para ser presentado al Señor; un Salvador, además, que con el tiempo impartió Su divino mensaje a los pobres y humildes y declaró que Su reino no era de este mundo. Esto era claramente lo que María quería decir cuando afirmó que Dios había «esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones», que había «derribado de los tronos a los poderosos y exaltado a los humildes». Cristo era, por tanto, doblemente odioso para la jerarquía judía, ya que atacaba el privilegio de la raza a la que pertenecían al abrir la puerta a toda la humanidad, y el privilegio de la casta a la que pertenecían al revelar doctrinas sagradas a los profanos y destruir su pretensión de conocimiento exclusivo.

A menos que se considere desde este aspecto, ni el antagonismo mostrado por los escribas

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