mismo tiempo resulta evidente que, si los esenios en general se conformaban a algunos de los principios establecidos por Cristo, ciertas doctrinas suyas diferían por completo de las de Cristo y de los cristianos primitivos, en particular su costumbre de rezar al sol naciente y su incredulidad en la resurrección de la carne.
San Pablo denuncia el ascetismo, la doctrina cardinal de los esenios, en términos desmedidos, advirtiendo a los hermanos que «en los tiempos postreros algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; ... prohibiendo casarse, y mandando abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias... Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo».
Esto sugeriría que ciertas ideas esenias se habían filtrado en las comunidades cristianas y eran consideradas por aquellos que recordaban la verdadera enseñanza de Cristo como una perversión peligrosa.
Los esenios no eran, por tanto, cristianos, sino una sociedad secreta que practicaba cuatro grados de iniciación y estaba obligada por terribles juramentos a no divulgar los sagrados misterios que se les habían confiado. ¿Y cuáles eran esos misterios sino los de la tradición secreta judía que hoy conocemos como la Cábala?
El Dr.