sus autoridades, nombrando al autor y la página, como la gente honrada; ambos tenían el deseo de librar a la masonería británica de la condena y la hermandad de la masonería continental y parecen estar sinceramente movidos por el afán de hacer el bien al ofrecer sus trabajos al público».
Que el autor acertó de pleno en su descripción de la actitud de Barruel hacia la masonería lo demuestran las propias palabras de Barruel sobre el tema:
Inglaterra sobre todo está llena de esos hombres rectos, excelentes ciudadanos, hombres de toda clase y condición de vida, que consideran un honor ser masones y que solo se distinguen de los demás hombres por unos lazos que parecen fortalecer los de la benevolencia y la caridad fraternal. No es el temor a ofender a una nación en la que he hallado refugio lo que me impulsa a hacer esta excepción. La gratitud prevalecería en mí sobre todos esos terrores y yo diría en medio de Londres: > «Inglaterra está perdida, no escapará a la Revolución francesa si las logias masónicas se asemejan a aquellas que tengo que revelar. Diría aún más: el gobierno y toda la cristiandad se habrían perdido hace mucho tiempo en Inglaterra si se pudiera suponer que sus masones están iniciados en los últimos misterios de la secta».<sup></sup>
En otro pasaje, Barruel observa que la masonería en Inglaterra es "una sociedad compuesta por buenos ciudadanos en general, cuyo objetivo principal es ayudarse mutuamente mediante principios de igualdad, que para ellos no son otra cosa que la fraternidad