satisfacer las demandas de sus interlocutores.
Pero no, cada uno parece describir la misma ceremonia más o menos por completo, con toques característicos que indican la personalidad del hablante, y en lo fundamental todos los relatos coinciden.
El argumento adicional de que el caso contra los templarios fue fabricado por el rey y el papa con vistas a obtener su riqueza queda enteramente desmentido por los hechos.
El último historiador francés de la Francia medieval, al tiempo que expresa su incredulidad en la culpabilidad de los templarios, califica esta contraacusación de «pueril».
«Philippe le Bel», escribe M. Funck-Brentano, «nunca ha sido comprendido; desde el principio la gente no ha sido justa con él. Este joven príncipe fue uno de los más grandes reyes y el más noble de los caracteres que han aparecido en la historia.»
Sin llevar el reconocimiento tan lejos, hay que conceder no obstante a la exposición de hechos de M. Funck-Brentano la atención que merece. Se ha culpado a Felipe de devaluar la moneda del reino; en realidad, este se limitó a ordenar que se mezclara con aleación como medida necesaria tras la guerra con Inglaterra, exactamente igual que la propia moneda fue devaluada a consecuencia de la guerra reciente. Esto se hizo con total transparencia y el sistema monetario fue restablecido a la primera oportunidad.
Intensamente nacional, su política de atacar a los lombardos, exiliar a los judíos