así los métodos empleados para desacreditarlos:
El testimonio del profesor Robison y del abate Barruel habría sido considerado sin duda suficiente en cualquier caso que no hubiera interesado los prejuicios y las pasiones de los hombres en su contra. La grosería y el oprobio con los que han sido cargados son perfectamente naturales, y lo que la naturaleza de su testimonio habría hecho esperar. Los hombres procurarán invalidar aquella evidencia que tiende a desvelar sus oscuros designios; y no puede esperarse que aquellos que creen que «el fin santifica los medios» sean muy escrupulosos en cuanto a sus medidas. Ciertamente no lo fue quien inventó el siguiente perfil y lo aplicó arbitrariamente al Dr. Robison, el cual podría haberse aplicado con tanta propiedad a cualquier otra persona en Europa o América. El perfil aquí mencionado está tomado del *Mercury* americano, impreso en Hartford el 26 de septiembre de 1799 por E. Babcock. En este periódico, bajo la pretendida autoridad del profesor Ebeling, se nos dice «que Robison había vivido por encima de sus ingresos, y para suplir sus carencias se había comprometido a alterar un billete de banco; que fue descubierto y huyó a Francia; que, tras haber sido expulsado de la Logia en Edimburgo, solicitó en Francia el segundo grado, pero le fue denegado; que hizo el mismo intento en Alemania y después en Rusia, pero nunca tuvo éxito; y que a partir de esto abrigó un odio acérrimo hacia la masonería; y que, tras deambular por Europa durante dos años, escribiendo al secretario Dundas y presentando un ejemplar de su libro, del cual se juzgó que serviría a ciertos propósitos del ministerio, la acusación contra él fue suspendida, el profesor regresó triunfante a su país y ahora vive de una jugosa pensión, en lugar de sufrir la suerte de su predecesor Dodd».<sup></sup>