de la vida cotidiana —las leyes de compra y venta, de la celebración de contratos— y también a las observancias religiosas externas, sobre las cuales se ofrecen los detalles más minuciosos. Como lo ha expresado un escritor judío:
... los más extraños conceptos rabínicos se desarrollan a lo largo de muchos volúmenes con la más fina dialéctica, y las preguntas más absurdas se discuten con los mayores esfuerzos de poder intelectual; por ejemplo, cuántos pelos blancos puede tener una vaca roja y seguir siendo una vaca *roja*; qué clase de costras requieren tal o cual purificación; si se puede matar un piojo o una pulga en sábado —estando permitido el primero, mientras que el segundo es un pecado mortal—; si el sacrificio de un animal debe efectuarse por el cuello o por la cola; si el sumo sacerdote se ponía primero la camisa o los calzones; si el *Yabam*, es decir, el hermano de un hombre que murió sin hijos, al estar obligado por la ley a casarse con la viuda, queda liberado de su obligación si se cae de un tejado y queda atascado en el lodo.<sup></sup>
Pero es en la Cábala, palabra hebrea que significa «recepción», es decir, «una doctrina recibida oralmente», donde se hallan las doctrinas especulativas y filosóficas, o más bien teosóficas, de Israel. Estas se contienen en dos libros, el Sepher Yetzirah y el Zohar.
El Sepher Yetzirah, o Libro de la Creación, es descrito por Edersheim como «un monólogo por parte de Abraham, en el cual, mediante la contemplación de todo cuanto le rodea, llega por fin a