la curación de enfermedades vigentes en el mismo período. Desde los tiempos más remotos, los judíos se habían especializado en medicina, y muchos personajes de la realeza insistían en emplear a médicos judíos, algunos de los cuales tal vez habían adquirido conocimientos médicos de gran nivel. El escritor judío Margoliouth insiste en este hecho con cierta complacencia, y pasa a contrastar los métodos científicos de los médicos hebreos con las charlatanerías de los monjes:
A pesar de los informes difundidos por los monjes de que los judíos eran hechiceros (debido a su superior destreza médica), los pacientes cristianos acudían con frecuencia a las casas de los médicos judíos antes que a los monasterios, donde se fingía curar mediante reliquias extraordinarias, tales como los clavos de San Agustín, la extremidad del segundo dedo del pie de San Pedro, ... etc. Apenas es necesario añadir que las curaciones efectuadas por los médicos judíos eran más numerosas que las de los impostores monacales.<sup></sup>
Sin embargo, en realidad los grotescos remedios que Margoliouth atribuye a la superstición cristiana parecen haber derivado en parte de fuentes judías. El autor de un artículo posterior sobre la magia en la Encyclopædia de Hastings continúa diciendo que las fórmulas