¿Qué había entonces más probable que el hecho de que, durante el tiempo que habían vivido allí, hubieran aprendido las leyendas rabínicas relacionadas con el Templo?
Según George Sand, que estaba profundamente versada en la historia de las sociedades secretas, la leyenda hiramíca fue adoptada por los templarios como símbolo de la destrucción de su Orden. "Lloraron su impotencia en la persona de Hiram. La palabra perdida y recuperada es su imperio...". El francmasón Ragon declara asimismo que la catástrofe que lamentaban era la catástrofe que destruyó su Orden.
Además, el Gran Maestre cuyo destino deploraban era Jacques du Molay. Tenemos aquí, pues, a dos agrupaciones en Francia en el mismo período, los Templarios y los compagnonnages, ambas poseedoras de una leyenda relativa al Templo de Salomón y ambas de luto por un Maître Jacques que había sido bárbaramente ejecutado.
Si aceptamos la posibilidad de que la leyenda de Hiram existiera entre los masones antes de las Cruzadas, ¿cómo hemos de explicar esta extraordinaria coincidencia? Es sin duda más fácil creer que las tradiciones judaicas fueron introducidas a los masones por los templarios e injertadas en el saber ancestral que los gremios masónicos habían heredado de los Collegia romanos.
Que existía cierta conexión entre los templarios y los masones operativos lo indica la nueva influencia que penetró en la construcción en este periodo.
Un francmasón moderno que compara «las marcas de diseño