la influencia templaria o por algún otro motivo, la súplica de protección real no solo fue rechazada, sino que la nueva Orden, a la que hasta entonces se había permitido ingresar a los católicos, fue prohibida por edicto real. Al año siguiente, en 1738, el papa Clemente XII emitió una bula, In Eminenti, que prohibía la masonería y excomulgaba a los católicos que participaran en ella.
Pero esta prohibición parece haber sido ineficaz, pues la masonería no solo prosperó, sino que pronto comenzó a inventar nuevos grados. Y en la literatura masónica de los treinta años siguientes, la tradición templaria se hace aún más claramente patente. Así, el caballero de Bérage en un conocido opúsculo, cuya