que el grado se desarrolló a partir del de Gran Elegido, uno de los tres «grados de venganza» que celebran con sangriento realismo la venganza del asesinato de Hiram. Pero en su forma final de Caballero Kadosch —que más adelante se convertiría en el trigésimo grado del «Rito Escocés Antiguo y Aceptado»—, la leyenda de Hiram se transformó en la historia de los templarios con Jacques du Molay como la víctima. Así, la reprobación del atentado contra la autoridad personificada por el maestro constructor se convierte en la aprobación del atentado contra la autoridad en la persona del rey de Francia.
La introducción de los grados superiores con sus tendencias políticas y, más tarde, anticristianas marcó así una ruptura total con el principio fundamental de la masonería de que «nunca se hablará en la logia de nada relacionado con la religión o el gobierno».
Por esta razón han sido fustigados no solo por escritores antimasónicos, sino por los propios masones.
Presentar a Barruel y a Robison como enemigos de la masonería es, por tanto, absolutamente falso; ninguno de los dos hombres denunció la masonería operativa tal como se practicaba en Inglaterra, sino únicamente la superestructura erigida en el continente. Barruel, de hecho, se atrae los reproches de Mounier por su defensa de los masones ingleses:
Él hace gala del respeto que profesan por la opinión religiosa y por la autoridad. Cuando habla de