con la que su predecesor jamás había soñado. Como observa von Hammer en un pasaje admirable:
Las opiniones son impotentes mientras solo confundan el cerebro sin armar la mano. El escepticismo y el librepensamiento, en tanto ocuparon únicamente las mentes de los indolentes y los filósofos, no han causado la ruina de ningún trono, para cuyo propósito el fanatismo religioso y político son las palancas más fuertes en manos de las naciones. Al hombre ambicioso le importa poco lo que la gente crea, pero le es fundamental saber cómo puede utilizarla para la ejecución de sus proyectos.<sup></sup>
Así, al igual que en el caso de la Revolución francesa, «cuyos primeros impulsores», observa también von Hammer, «fueron los instrumentos o líderes de sociedades secretas», no fue la mera teoría, sino el método de reclutar a numerosos incautos y poner armas en sus manos, lo que provocó el «Terror» de los Asesinos seis siglos antes que el de sus descendientes espirituales, los jacobinos de 1793.
Tomando como base la organización de la Gran Logia de El Cairo, Hasan redujo los nueve grados a su número original de siete, pero estos recibieron ahora una nomenclatura definida, e incluyeron no solo