de felicidad que había perdido en la Caída se transformó en la idea de la salvación solo para los judíos bajo los auspicios de un Mesías triunfante e incluso vengador. Es este sueño mesiánico perpetuado en la Cábala moderna el que hace mil novecientos años la llegada de Cristo a la tierra vino a perturbar.
# La llegada del Redentor
El hecho de que muchas doctrinas cristianas, como la concepción de una Trinidad, el nacimiento milagroso y el asesinato de una Deidad, hubieran encontrado un lugar en religiones anteriores se ha utilizado con frecuencia como un argumento para demostrar que la historia de Cristo era meramente una nueva versión de varias leyendas antiguas, las de Atis, Adonis o de Osiris, y que, en consecuencia, la religión cristiana se funda en un mito.
La respuesta a esto es que la existencia de Cristo en la tierra es un hecho histórico que ninguna autoridad seria ha negado jamás. Los intentos de escritores como Drews y J.M. Robertson por establecer la teoría del «mito de Cristo», que encuentran eco en las declaraciones de oradores socialistas, han recibido tantas críticas competentes que ya no necesitan mayor refutación. Sir James Frazer, a quien ciertamente no se acusará de ortodoxia beata, observa a este respecto:
Las dudas que se han arrojado sobre la realidad histórica de Jesús son, a mi juicio, indignas de seria atención... Disolver al fundador del cristianismo en un mito, como algunos querrían hacer, es poco menos absurdo que hacer lo mismo con Mahoma, Lutero y Calvino.<sup></sup>
¿No puede acaso el hecho de que ciertas circunstancias en la vida de Cristo fueran presagiadas por religiones anteriores indicar, como observa Eliphas Lévi, que los antiguos tenían