de conquista; los cármatas lograron dominar gran parte de Arabia y la desembocadura del Éufrates, y en el año 920 d. C. extendieron sus estragos hacia el oeste. Se apoderaron de la ciudad santa de La Meca, en cuya defensa cayeron 30 000 musulmanes.
"Durante un siglo entero", dice von Hammer, "las perniciosas doctrinas de Karmat arrasaron con fuego y espada en el seno mismo del islamismo, hasta que el incendio generalizado fue extinguido en sangre".
Pero al proclamarse revolucionarios, los karmatas se habían apartado del plan trazado por el creador de su credo, Abdalá ibn Maymún, que no consistía en actos de violencia abierta, sino en una doctrina secreta que debía conducir a la subversión