de nuestros conocimientos actuales, ciertamente sería absurdo atribuir a los judíos la autoría de la conjuración de Catilina o de los Gracos, el levantamiento de Jack Straw y Wat Tyler, la rebelión de Jack Cade, las jacqueries de Francia o las guerras campesinas en Alemania, aunque la investigación histórica pueda conducir con el tiempo al descubrimiento de ciertas influencias ocultas —no necesariamente judías— detrás de las insurrecciones europeas aquí mencionadas.
Además, aparte de los agravios u otras causas de rebelión, el espíritu revolucionario siempre ha existido independientemente de los judíos. En todos los tiempos y en todos los países ha habido hombres nacidos para sembrar discordias tan ciertamente como las centellas vuelan hacia arriba.
Sin embargo, en las revoluciones modernas no se puede ignorar el papel desempeñado por los judíos, y el análisis demostrará que la influencia que han ejercido ha sido doble: financiera y oculta.
A lo largo de la Edad Media es como hechiceros y usureros como incurren en los reproches del mundo cristiano, y es todavía en el mismo papel, bajo los términos más modernos de magos y traficantes de préstamos, como detectamos su presencia tras bambalinas de la revolución desde el siglo XVII en adelante.
Donquiera que hubiera dinero que ganar en las conmociones sociales o políticas, se ha encontrado a judíos ricos respaldando al bando ganador; y donquiera que las razas cristianas se han vuelto contra sus propias