con respecto a los masones resulta, por tanto, evidente. Incluso Mounier, que se propuso refutar a Barruel basándose en la información que le proporcionó el iluminado Bode, admite su duplicidad a este respecto.
Weishaupt [dice Mounier] hizo amistad con un hanoveriano, el barón von Knigge, un famoso intrigante, largamente habituado al charlatanismo de las logias de la masonería. Por consejo suyo se añadieron nuevos grados a los antiguos, y se resolvió sacar provecho de la masonería al tiempo que se la despreciaba profundamente. Decidieron que los grados de Aprendiz, Compañero, Maestro Masón y Caballero Escocés debían añadirse a los de los Illuminati, y que presumirían de poseer en exclusiva los verdaderos secretos de los masones y afirmarían que el iluminismo era la verdadera masonería primitiva.
«Los documentos de la Orden confiscados en Baviera y publicados», vuelve a decir Mounier, muestran que «los Illuminati emplearon las formas de la masonería, pero que la consideraban en sí misma, al margen de sus propios grados, como una absurdidad pueril y que detestaban a los Rosacruces».
Mounier, como buen discípulo de Bode, comparte esencialmente el mismo punto de vista y se compadece de la naïveté de los masones, quienes, «como tantos niños, pasan gran parte del tiempo en sus logias jugando a