son ciertamente muy llamativas. Todos en ciertos momentos profesan respeto por el cristianismo mientras trabajan para destruirlo.
Así pues, del mismo modo que Voltaire en una carta a d'Alembert expresa su horror ante la publicación de un panfleto anticristiano, Le Testament de Jean Meslier, y en otra le urge a que lo haga circular por millares en toda Francia, Weishaupt es cuidadoso en general de exhibir el rostro de un filósofo benigno e incluso de un evangelista cristiano; solo por momentos se quita la máscara y revela tras ella al sátiro sonriente.
Por consiguiente, en los estatutos publicados de los Illuminati no se encontrará ningún indicio de intenciones subversivas; en efecto, la «Obligación» establece expresamente que «no