llegado al clímax inevitable entre Weishaupt y Knigge que «Philo» le escribió «al amadísimo Cato» en los siguientes términos:
No son tanto Mahomed y A. quienes tienen la culpa de mi ruptura con Espartaco, como la conducta jesuítica de este hombre, que tantas veces nos ha enfrentado para gobernar despóticamente a unos hombres que, si tal vez no poseen una imaginación tan rica como la suya, tampoco tienen tanta agudeza y astucia, etc.<sup></sup>
En otra carta