vierten Su virtud estelar sobre toda especie que crece En la Tierra, hecha por ello más apta para recibir La perfección del rayo más potente del sol. Estos entonces, aunque no vistos en lo hondo de la noche, No brillan en vano. Ni pienses, aunque hombres no hubiera, Que al Cielo faltarían espectadores, a Dios le faltaría alabanza. Millones de criaturas espirituales caminan por la Tierra Invisibles, tanto cuando velamos, como cuando dormimos: Todas estas con cesante alabanza sus obras contemplan, Tanto de día como de noche. ¡Cuántas veces, desde la pendiente Del collado resonante o la espesura, hemos oído Voces celestiales al aire de la medianoche, Solas, o respondiendo cada cual a la nota de la otra, Cantando a su gran Creador! A menudo en bandas Mientras hacen guardia, o ronda nocturna realizan, Con celestial toque de sonidos instrumentales En pleno número armónico unidos, sus cantos Dividen la noche, y alzan nuestros pensamientos al Cielo».
Así conversando, de la mano y a solas pasaron hacia su dichosa enramada.
Era un lugar elegido por el soberano Plantador, cuando dispuso todas las cosas para el deleite del Hombre.
- El techo Del espesor más denso era sombra entrelazada, Laurel y mirto, y cuanto más alto crecía De firme y fragante hoja;
- a uno y otro lado Acanto, y todo arbusto oloroso y espeso, Cercaban el muro verdoso;
- cada hermosa flor, Iris de todos los colores, rosas y jazmín, Alzaban en medio sus lozanas cabezas y formaban Mosaico;
- bajo los pies la violeta, Azafrán y jacinto, con rica taracea Bordaban el suelo, más colorido que con piedra De la más costosa enseña.