gobierno; y no saben que yo los llamé y atraje hacia allí, mis perros infernales, para lamer la broza y la inmundicia que el pecado contaminante del Hombre con su mácula ha derramado sobre lo que era puro; hasta que, repletos y hartos, a punto de reventar de desperdicios chupados y engullidos, de un solo golpe de tu brazo victorioso, Hijo muy complaciente, tanto el Pecado, como la Muerte, y el sepulcro bostezante por fin, arrojados a través del Caos, obstruyan la boca del Infierno para siempre y sellen sus fauces voraces. Entonces el Cielo y la Tierra, renovados, serán purificados hacia una santidad que no recibirá mancha alguna: hasta entonces la maldición pronunciada sobre ambos precede».
Él terminó, y la celestial audiencia a alta voz cantó ¡Aleluya!, cual murmullo de mares, por la muchedumbre que cantaba: «Justos son tus caminos, rectos tus decretos en todas tus obras; ¿quién puede atenuarte?». Luego, al Hijo, destinado restaurador del género humano, por quien un nuevo Cielo y Tierra se levantarán para los siglos, o descenderán del Cielo. Tal fue su canto,
Mientras el Creador, llamando por su nombre a sus poderosos ángeles, les dio diversa orden, según mejor convenía a las cosas presentes. El sol recibió primero el mandato de moverse y brillar de tal modo que afectara a la Tierra con frío y calor apenas tolerables, y de llamar desde el norte al invierno decrépito, y de traer desde el sur el calor del verano solsticial. A la pálida luna le prescribieron su oficio; a los otros cinco, sus movimientos planetarios y aspectos, en sextil, cuadratura, trígono y oposición, de eficacia nociva, y cuándo unirse en sinodo maligno; y enseñaron a las fijas cuándo verter su influencia maligna; cuál de ellas, al alzarse con el sol o al ponerse, resultaría tempestuosa. A los vientos fijaron sus esquinas, cuándo confundir con furia el mar, el aire y la orilla; cuándo hacer rodar el trueno con terror a través del oscuro salón aéreo.
Algunos dicen que mandó a sus ángeles desviar oblicuamente los polos de la Tierra dos veces diez grados y más del eje del sol; ellos con esfuerzo