Ninguna otra criatura aquí, bestia, pájaro, insecto o gusano, se atrevía a entrar; tal era su respeto por el Hombre.
En umbría más sombría, Más sagrada y recóndita, aunque solo fingida, Jamás durmieron Pan ni Silvano, ni Ninfa O Fauno rondaron.
Aquí, en apartado rincón, Con flores, guirnaldas y hierbas olorosas Adornó Eva por primera vez su lecho nupcial, y coros celestiales Entonaron el himeneo, el día en que el Ángel propicio a nuestro padre La condujo, en su desnuda belleza más adornada, Más hermosa que Pandora, a quien los dioses Dotaron con todos sus dones; y, ¡oh!, demasiado semejante En triste acaecer, cuando, conducida por Hermes al imprudente Hijo de Jápeto, ensañó a la humanidad Con su hermosa apariencia, para vengarse De aquel que había robado el auténtico fuego de Júpiter.
Así a su umbroso albergue al fin llegaron, ambos se detuvieron, ambos se volvieron, y bajo el cielo abierto adoraron al Dios que hizo el cielo, el aire, la Tierra y el Cielo, cuantos veían: el refulgente globo de la luna y el polo estrellado;
“Tú también hiciste la noche, Hacedor Omnipotente; y