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nydus/Paradise LostPublic
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Libro IX

verdadero gusto al probarlo; si tal placer hay en las cosas que se nos prohíben, casi cabría desear que por este solo árbol se nos hubieran prohibido diez.

Mas ven; que así refrescados, juguemos ahora, como es justo, después de tan deliciosa vianda; pues nunca tu belleza, desde el día en que te vi por primera vez y te desposé, adornada con todas las perfecciones, influyó tanto en mis sentidos con ardor por gozarte, más hermosa ahora que nunca: ¡generosidad de este árbol virtuoso!

Así habló, y no omitió mirada ni caricia de amorosa intención, bien comprendida de Eva, cuyos ojos lanzaron un fuego contagioso. Su mano asió, y hacia un sombrío banco, coronado en lo alto por espeso y verde techo, la condujo, no remisa; flores eran el lecho, pensamientos, violetas, y asfódelos, y jacintos: el regazo más fresco y blando de la Tierra. Allí su hartura de amor y de amorosos juegos tomaron con creces, sello de su mutua culpa, consuelo de su pecado, hasta que el rocío del sueño los abatió, cansados de su amoroso juego.

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