A quien de este modo la escuálida Sombra respondió al punto:
“Ve adonde el hado y tu fuerte inclinación te guíen; no he de rezagarme ni errar el camino, si tú me guías; tal hedor percibo de carnicería, presa innumerable, y gusto el sabor de la muerte en todo lo que allí vive. Ni he de faltar a la obra que emprendes, sino brindarte igual ayuda.”
Así diciendo, con deleite aspiró el olor del cambio mortal en la Tierra. Como cuando una bandada de aves voraces, aunque a muchas leguas de distancia, en vísperas de batalla, hacia un campo donde los ejércitos acampan, vuela atraída por el olor de los cadáveres vivientes destinados a la muerte al día siguiente en sangrienta lucha: así olió la sombriza Forma, y alzó amplia su nariz en el aire tenebroso, sagaz de su presa desde tan lejos.
Entonces ambos, de las puertas del Infierno, hacia el yermo y vasto caos de húmeda y oscura anarquía volaron en direcciones distintas, y