La Tierra tembló desde sus entrañas, de nuevo con dolores, y la Naturaleza dio un segundo gemido; el cielo se encapotó y, con truenos murmurantes, unas tristes gotas lloraron por consumarse el pecado mortal original; mientras Adán no se inquietó, comiendo hasta saciarse, ni Eva temió repetir su anterior transgresión, para halagarle más con su amada compañía; que ahora, como embriagados ambos con vino nuevo, nadaden en alegría y se figuran sentir divinidad en su interior que cría alas con las que despreciar la Tierra.
Mas aquel fruto falso primero demostró muy otro efecto, el deseo carnal inflamando: él en Eva comenzó a clavar ojos lascivos; ella a él con igual desvergüenza pagó; en lujuria arden, hasta que Adán así a Eva a los juegos movió:
“Eva, bien veo que eres de exacto gusto y elegante, y de no pequeña sapiencia; pues a cada significado aplicamos sabor y llamamos juicioso al paladar, yo te rindo la alabanza por haberte provisto hoy tan bien
Mucho placer hemos perdido, mientras nos absteníamos de este fruto delicioso, y hasta hoy no conocíamos su