mudos signos en la Naturaleza muestra, precursores de su propósito, o para advertirnos, quizá demasiado confiados en nuestra exención de la pena por habernos librado de la muerte algunos días; ¿cuánto, y cómo será nuestra vida hasta entonces, quién lo sabe? o más que esto, ¿que somos polvo, y que a él debemos volver, y no ser más?
¿Por qué otra causa este doble objeto ante nuestra vista, de la huida perseguida en el aire y sobre el suelo hacia un mismo lado a una misma hora? ¿Por qué en el este oscuridad antes de la mitad del día, y luz matutina más oriental en aquella nube occidental, que traza sobre el azul firmamento un radiante blanco, y desciende lentamente, cargada de algo Celestial?
No erró; pues, con esto, las huestes celestiales bajaron ya de un cielo de jaspe al Paraíso, y en un monte hicieron alto; una gloriosa aparición, de no haber tenido la duda y el temor carnal oscurecido el ojo de Adán aquel día.