“¿Por qué no viene la Muerte”, dijo, “con un golpe tres veces aceptable a ponerme fin? ¿Fallará la Verdad en su palabra, la Justicia divina no se apresurará a ser justa? Pero la Muerte no acude a la llamada; la Justicia divina no acelera su más lento paso por ruegos ni gritos. ¡Oh bosques, oh fuentes, colinas, valles y enramadas! Con otro eco antaño enseñé a vuestras sombras a responder, y a hacer resonar muy otro canto”.
A quien así afligido cuando la triste Eva vio, desolada donde estaba, acercándose sigilosa, palabras suaves a su fiero ardor ensayó; mas él con mirada austera así la repelió:
“¡Fuera de mi vista, oh serpiente! ese nombre es el que mejor te conviene, aliada con él, tan falsa y aborrecible como él: solo falta que tu forma, como la suya, y tu color serpentino muestren tu fraude interior, para advertir a todas las criaturas contra ti de ahora en adelante; no sea que esa forma demasiado celestial, disfrazada de falsedad infernal, las atrape. Pero por ti habría seguido siendo feliz, si tu orgullo y tu vanidad errante, cuando menos seguro era, no