sus hechizos.
La otra Forma— Si forma pudo llamarse lo que forma ninguna tenía Distinguible en miembro, coyuntura o extremidad; O sustancia pudo llamarse lo que sombra parecía, Pues cada cual parecía ambas—negro se alzaba como la Noche, Feroz como diez Furias, terrible como el Infierno, Y agitaba un dardo terrible; lo que su cabeza parecía La semejanza de una corona real llevaba puesta.
Satanás ya se acercaba, y desde su asiento el monstruo avanzaba tan deprisa, con horribles zancadas; el Infierno temblaba al andar él. El Demonio intrépido se preguntó qué sería aquello, lo admiró, mas no lo temió —excepto a Dios y a su Hijo, criatura alguna valoraba ni esquivaba— y con mirada desdeñosa comenzó de este modo:
“¿De dónde y quién eres, execrable Forma, que osas, aunque sombría y terrible, avanzar tu mal creada frente cortando mi camino hacia esas puertas? A través de ellas pienso pasar, tenlo por seguro, sin pedirte permiso. Retírate, o prueba los frutos de tu insensatez, y aprende por experiencia, engendro del infierno, a no contender con los Espíritus del Cielo”.