influencia; la Tierra dio señal de júbilo, y cada colina; alegres las aves; frescos vendavales y aires gentiles se lo susurraron a los bosques, y de sus alas arrojaron rosas, arrojaron aromas del arbusto especiado, retozando, hasta que el amorozo ave de la noche cantó el himeneo, y apresuró al lucero de la tarde para que en su colina encendiera la lámpara nupcial.
“Así te he contado todo mi estado, y he traído mi historia a la suma de la dicha terrenal que disfruto, y debo confesar que hallo en todo lo demás deleite en verdad, mas tal que, usado o no, no obra en la mente cambio ni deseo vehemente —estos manjares digo de gusto, vista, olfato, hierbas, frutos y flores, paseos y la melodía de los aves—; mas aquí, muy al contrario, transportado contemplo, transportado toco; aquí por vez primera sentí la pasión, extraña conmoción, pues en todos los otros goces he sido superior e inconmovible, solo aquí débil contra el hechizo de la poderosa mirada de la belleza.
O la Naturaleza falló en mí, y dejó alguna parte No lo bastante a prueba para