hermosa que cuanto antes parecía bello en el mundo parecía ahora despreciable, o en ella compendiado, en ella contenido, y en sus miradas, que desde entonces infundieron dulzura en mi corazón jamás antes sentida, e inspiraron en todas las cosas, a través de su aire, el espíritu del amor y el deleite amoroso.
Ella desapareció, y me dejó a oscuras; desperté para buscarla, o para llorar por siempre su pérdida, y renunciar a cualquier otro placer: cuando, sin esperanza, héla ahí no muy lejos, tal como la vi en mi sueño, ataviada con cuanto la Tierra o el Cielo pudieron otorgar para hacerla amable. Hacia mí avanzaba, llevada por su Hacedor Celestial, aunque invisible, y guiada por su voz, no ajena tampoco a la santidad nupcial y a los ritos del matrimonio.
Grace was in all her steps, Heaven in her eye, In every gesture dignity and love. I, overjoyed, could not forbear aloud:
“«Este giro ha enmendado; has cumplido Tus palabras, Creador clemente y benigno, Dador de todo lo bello, ¡mas lo más bello de todo Esto entre tus dones!, ni envidias. Veo ahora Hueso de mis huesos, carne de mi carne, mi propio yo Ante mí; Mujer es su nombre, del Hombre Extraída; por esta causa él dejará A padre y madre, y a su esposa se adherirá, Y serán una sola carne, un solo corazón, un sola alma».
“Me oyó de este modo; y, aunque divinamente traída, con todo, la inocencia y el pudor virginal, su virtud y la conciencia de su propio valor, que quería ser cortejada y no conquistada sin ser buscada, no evidente, no obstrusiva, sino recatada, más deseable —o, para decirlo todo, la Naturaleza misma, aunque pura de todo pensamiento pecaminoso— obró en ella de tal modo que, al verme, se volvió; la seguí; ella sabía lo que era el honor, y con obsequiosa majestad aprobó la razón que le expuse.
Al tálamo nupcial la conduje sonrojada como la Aurora; todo el Cielo, y las felices constelaciones, en esa hora derramaron su más selecta