CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Paradise LostPublic
Página 45 de 335
Table of Contents

El discurso de Satanás

Mas primero, ¿a quién enviaremos en busca de este nuevo mundo? ¿A quién hallaremos por suficiente? ¿Quién con pie errante osará el abismo oscuro, sin fondo, infinito, y a través del palpable oscurecer hallar su áspero rumbo, o desplegar su aéreo vuelo, sostenido con alas indefatigas sobre el vasto abismo, antes de llegar a la isla feliz? ¿Qué fuerza, qué arte podrá entonces bastar, o qué astucia llevarle a salvo por las estrictas centinelas y puestos densos de los Ángeles que vigilan en torno?

Aquí necesitaba toda prudencia, y nosotros ahora no menos discernimiento en nuestro sufragio; pues en quien enviemos descansa el peso de todo, y nuestra última esperanza».

Esto dicho, se sentó; y la expectación mantuvo su mirada en vilo, aguardando quién se presentaría a secundar, o contradecir, o emprender el peligroso intento; mas todos guardaban silencio, meditando el peligro con profundos pensamientos; y cada uno en el rostro del otro leía su propio desaliento, atónito. Ninguno entre la flor y nata de aquellos campeones guerreros del Cielo pudo hallarse tan osado como para ofrecerse o aceptar, a solas, el terrible viaje; hasta que al fin Satán, a quien ahora una gloria trascendente elevaba sobre sus iguales, con orgullo monárquico consciente de su altísimo valor, inconmovible habló así:

“¡Oh prole del Cielo, empíreos Tronos! Con razón un profundo silencio y vacilación se han apoderado de nosotros, aunque sin desmayo.

Largo es el camino y arduo, el que del infierno conduce a la luz; nuestra fuerte prisión, este inmenso convexo de fuego, feroz en su afán de devorar, nos cerca por todas partes nueve veces, y puertas de ardiente adamante, cerradas sobre nosotros, prohíben toda salida. Traspasadas estas, si es que alguien las traspasa, el vacío profundo de la Noche inesencial lo recibe luego, con la boca abierta de par en par, y con la total pérdida del ser lo amenaza, sumergido en ese golfo abortivo. Si de allí escapa a cualquier mundo, o región desconocida, ¿qué le aguarda sino peligros ignotos y una huida igualmente difícil?

45