que ha de terminar de igual modo en vano?”
A quien así Zefón, respondiendo desdén con desdén:
«No pienses, Espíritu rebelde, que tu forma es la misma, o tu brillo inminuto, para ser reconocido como cuando estabas en el Cielo recto y puro. Aquella gloria entonces, cuando ya no fuiste bueno, se apartó de ti; y te asemejas ahora a tu pecado y al oscuro y vil lugar de tu condena. Mas ven; pues tú, ten la certeza, darás cuenta a aquel que nos envió, cuyo encargo es custodiar este lugar inviolable, y a estos de todo daño».
Así habló el Querubín; y su grave reprensión, Severa en su juvenil belleza, añadió gracia Invencible. Abatido el Diablo quedó, Y sintió cuán terrible es la bondad, y vio La virtud en su forma cuán bella; la vio, y languideció Por su pérdida; mas sobre todo por ver allí notado Su brillo visiblemente disminuido; aún así pareció Intrépido.