Inconveniente dieta, ni comida muy ligera; Y de estos corporales nutrimentos, quizás, Vuestros cuerpos puedan al fin tornarse todos espíritu, Mejorados por el curso del tiempo, y alados asciendan Etéreos, como nosotros; o puedan a elección Aquí o en celestiales Paraísos habitar Si sois hallados obedientes, y retenéis Inalterablemente firme su amor entero, De quien progiene sois. Entre tanto disfrutad Ahartos de cuanta felicidad este estado feliz Puede comprender, incapaz de más.”
A lo que el Patriarca de la Humanidad respondió:
“Oh favorable Espíritu, huésped propicio, bien has enseñado el camino que guiar podría nuestro saber, y la escala de la Naturaleza establecido del centro a la circunferencia, sobre la cual, en contemplación de las cosas creadas, por grados podemos ascender a Dios. Mas di, ¿qué significaba esa advertencia unida, Si os halláis obedientes? ¿Podremos acaso carecer de obediencia, pues, hacia él, o posiblemente su amor desertar, quien del polvo nos formó, y nos colocó aquí colmados hasta la máxima medida de cuán dicha los deseos humanos pueden buscar o concebir?”
A quien el Ángel:
«¡Hijo del Cielo y de la Tierra, escucha! Que seas feliz, se lo debes a Dios; Que sigas siéndolo, se lo debes a ti mismo, Es decir, a tu obediencia; en ella mantente: Esta fue la advertencia que se te dio; tenlo presente. Dios te hizo perfecto, no inmutable; Y bueno te hizo, pero perseverar Lo dejó en tu poder —ordenó tu voluntad Libre por