Largo sería contar lo que he hecho, lo que he sufrido, con cuánto dolor navegué el irreal, inmenso, ilimitado Abismo de horrible confusión, sobre el cual por el Pecado y la Muerte hay ahora un ancho camino pavimentado, para acelerar vuestra gloriosa marcha; mas yo labré mi áspero paso, obligado a cabalgar el indómito Abismo, sumergido en el vientre de la inmemorial Noche y el Caos salvaje, que, celosos de sus secretos, se opusieron ferozmente a mi extraño viaje, con clamoroso estruendo protestando contra el Hado supremo; desde allí cómo hallé el Mundo recién creado, que la fama en el Cielo había predicho largo tiempo ha, una obra maravillosa, de absoluta perfección; y en él al Hombre colocado en un Paraíso, por nuestro destierro hecho feliz.
A él mediante fraude he seducido de su Creador, y, más para aumentar vuestro asombro, ¡con una manzana! Él, por eso ofendido —¡digno de vuestra risa!—, ha entregado tanto a su amado Hombre como a todo su Mundo presa del Pecado y de la Muerte, y así a nosotros, sin nuestro riesgo, fatiga o alarma, para vagar en él, y habitar, y sobre el Hombre reinar, como sobre todo él debiera haber reinado.
Verdad es que también a mí me ha juzgado, o más bien no a mí, sino a la serpiente bruta, en cuya forma engañé al hombre: lo que a mí me pertenece es la enemistad, que él pondrá entre mí y el género humano; yo he de magullarle el talón; su simiente —cuándo no se ha fijado— me magullará la cabeza: ¿quién no compraría un mundo por un magullado, o un dolor mucho más grave? Tenéis la relación de mi hazaña; ¿qué os queda, oh dioses, sino levantaros y entrar ya en la plenitud de la bienaventuranza?
Así dicho, quedóse un rato, aguardando que su universal grito y gran aplauso llenaran su oído; cuando, por el contrario, oye, por todas partes, de innumerables lenguas, un lúgubre y universal siseo, el sonido del escarnio público. Se extrañó, mas no tuvo mucho tiempo de extrañarse, extrañándose ahora más de sí mismo; sintió su rostro estirarse hasta