“All night the dreadless Angel unpursued, Through Heaven’s wide champain held his way, till Morn, Waked by the circling Hours, with rosy hand Unbarred the gates of light.”
Toda la noche el ángel sin temor ni acecho, por la vasta campiña del cielo prosiguió su marcha, hasta que la Mañana, despertada por las Horas en rotación, abrió con su mano rosada las puertas de la luz.
Hay una cueva en el monte de Dios, junto a su trono, donde la luz y la oscuridad en ronda perpetua se alojan y desalojan por turnos, lo que hace por el Cielo una grata vicisitud, cual día y noche; la luz sale, y por la otra puerta la oscuridad obsequiosa entra, hasta su hora de velar el Cielo, aunque la oscuridad allí bien podría parecer crepúsculo aquí.
Y ahora salió la Mañana Tal como en el cielo altísimo, revestida de oro Empíreo; ante ella huyó la Noche, Atravesada por rayos orientales; cuando toda la llanura Cubierta de densos escuadrones formados y brillantes, Carros, armas llameantes y corceles de fuego, Reflejando destello tras destello, se ofreció por vez primera a su vista: Guerra percibió, guerra en procinto, y halló Ya sabido lo que él por noticia había pensado Llevar de anuncio; con alegría entonces se mezcló Entre aquellas potestades amigas, que a él lo recibieron Con gozo y aclamaciones sonoras, de que uno, De tantos millares caídos mas uno, Hubiese vuelto sin perderse.
Al monte santo en triunfo Lo condujeron vitoreado, y ante El trono supremo lo presentaron; de donde una voz, Desde el centro de una nube de oro, habló benigna así:
“ «¡Siervo de Dios, bien hecho! Bien has lidiado la mejor lid, tú que solo has sostenido frente a multitudes sublevadas la causa de la verdad, en