busco, sino volver tales a otros como yo, aunque de ello resulte un mal peor para mí: pues solo en destruir hallo alivio a mis implacables pensamientos; y, destruido él, o ganado para lo que obre su total ruina, para quien todo esto fue hecho, todo esto pronto seguirá, ligado a él en la dicha o en la desgracia; ¡en la desgracia pues, para que la destrucción se extienda! Para mí será la gloria única entre las Potestades infernales, el haber arruinado en un día lo que él, llamado Todopoderoso, seis noches y días continuó haciendo, ¿y quién sabe cuánto tiempo antes había estado ideando?; aunque tal vez no más tiempo que el que hace que yo en una sola noche libré de la ingloriosa servidumbre a poco menos de la mitad del nombre Angélico, y más ralo dejé el tropel de sus adoradores.
Él, por vengarse, y reparar así sus huestes diezmadas —bien porque aquella antigua virtud de crear más Ángeles faltara, si es que al menos son suyos, o por darnos mayor pesar— resolvió ascender a nuestro sitio una criatura formada de tierra, y dotarla, exaltada desde tan vil origen, con despojos celestes, nuestros despojos. Lo que decretó lo cumplió; hizo al Hombre, y para él edificó magnífico este Mundo, y la Tierra por sede, le proclamó señor, y —¡oh, indignidad!— subordinó a su servicio las alas de los Ángeles y a ministros ardientes para vigilar y cuidar su terrenal carga. Temo la vigilancia de estos, y, para eludirla, envuelto así en niebla de vapor de medianoche, me deslizo oscuramente y escudriño en cada arbusto y matorral, donde la suerte pueda hallar a la serpiente durmiendo, en cuyos sinuosos pliegues ocultarme, y el oscuro propósito que traigo.
¡Oh ruinosa caída! ¡Que yo, que antaño con los dioses lidié por el solio supremo, me vea hoy forzado a ser bestia, y, mezclado con fango bestial, a encarnar y abrutar esta esencia que a la altura de la deidad aspiraba! Mas ¿a qué no descenderán la ambición y la venganza? Quien aspira debe caer tan bajo como alto voló, expuesto tarde o temprano a las cosas más viles. La venganza, dulce al principio, amarga bien pronto recae sobre sí misma. Sea así; poco me importa, con tal que caiga bien dirigida (ya que