CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Paradise LostPublic
Página 224 de 335
Table of Contents

Libro IX

Laertes, o aquel, no mítico, donde el rey sabio entregóse a los amores con su bella esposa egipcia. Mucho admiró el lugar, más aún a la persona.

Cual quien, tiempo ha en populosa ciudad preso, donde casas apiñadas y cloacas corrompen el aire, al salir una mañana de verano a respirar entre las placenteras aldeas y granjas aledañas, de cada cosa encontrada halla deleite — el olor del grano, o la hierba segada, o las vacas, o la lechería, cada vista rural, cada sonido rural—; si por azar con paso de ninfa una bella virgen pasa, lo que placentero parecía, por ella ahora place más, ella más que nada, y en su mirada resume todo deleite: tal placer sintió la Serpiente al contemplar este paraje florido, el dulce retiro de Eva tan temprano, tan sola. Su forma celestial, angélica, pero más suave y femenina, su inocencia graciosa, su aire entero de gesto o mínima acción, intimidaron su malicia, y con dulce rapiña despojaron a su fiereza del fiero intento que traía: durante ese lapso el Maligno absorto estuvo de su propia maldad, y por un tiempo quedó estúpidamente bueno, de enemistad desarmado, de asechanza, de odio, de envidia, de venganza.

224