oblicuidades transversas, o ahorrar al sol su labor, y aquel rápido rombo nocturno y diurno supuesto, invisible por lo demás sobre todas las estrellas, la rueda del día y de la noche; lo cual no necesita de tu creencia, si la Tierra, afanosa de sí misma, busca el día, viajando hacia el este, y con su parte opuesta a los rayos del sol encuentra la noche, mientras su otra parte sigue luminosa por su haz.
¿Y si esa luz, enviada por ella a través del amplio y transparente aire a la terrestre luna, fuera como una estrella, iluminándola de día, como ella de noche a esta Tierra —recíproca, si hay tierra allí, campos y habitantes? Sus manchas ves como nubes, y las nubes pueden llover, y la lluvia producir frutos en su suelo ablandado, para que algunos los coman allí asignados; y otros soles, tal vez, con sus lunas acompañantes, avistarás, comunicando luz masculina y femenina, cuyos dos grandes sexos animan el Mundo, provisto en cada orbe tal vez de algunos que viven. Pues un espacio tan vasto en la Naturaleza no poseído por alma viviente, desierto y desolado, solo para brillar, y apenas para contribuir cada orbe con un destello de luz, transportado tan lejos abajo hasta esta habitable, que devuelve la luz hacia ellos, es objeto de disputa.
Mas sea esto así, o bien de otro modo— Ya el Sol, soberano en los cielos, se alce sobre la Tierra, o la Tierra sobre el Sol; ya él desde el este inicie su camino flamígero, o ella desde el oeste avance su curso silencioso con paso inofensivo que, girando, duerme sobre su suave eje, mientras marcha uniforme, y te lleva suavemente junto al manso aire— no agites tus pensamientos con asuntos ocultos: déjalos al Dios de arriba; a él sírvele y témene. De las demás criaturas, como a él mejor le plazca, dondequiera que estén colocadas, disponga él; regocíjate en lo que te da, en este Paraíso y en tu hermosa Eva; el Cielo es para ti muy alto para saber qué pasa allí; sé humildemente sabio; piensa solo en lo que te concierne a ti y a tu ser; no sueñes con otros mundos, ni con qué criaturas viven allí, en qué estado, condición o grado; contento con que hasta aquí se haya revelado no solo de la Tierra, sino del altísimo Cielo."