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nydus/Paradise LostPublic
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Libro X

pecho inquieto, tendentes a algún alivio de nuestros extremos, o a un fin, aunque agudo y triste, tolerable al menos, según nuestros males, y de más fácil elección. Si el cuidado de nuestra descendencia nos perturba más, la cual habrá de nacer para un dolor cierto, devorada por la Muerte al fin (y miserable es ser causa de miseria para otros, nuestros propios engendrados, y traer de nuestros lomos a este mundo maldito una raza penosa, que tras una vida desgraciada ha de ser al cabo alimento de tan fétido monstruo), en tu poder está, aún antes de la concepción, prevenir la raza maldita, al ser aún no engendrada. Hijo no tienes, sin hijos quédate; así la Muerte será defraudada en su hartazgo, y con nosotros dos se verá forzada a saciar su hambrienta fauce. Mas si juzgas duro y difícil, conversando, mirando, amando, abstenerte de los debidos ritos del amor, de los dulces abrazos nupciales, y languidecer con deseo sin esperanza, languideciendo ante el objeto presente con igual deseo, lo cual sería una miseria y un tormento menor que nada de lo que tememos; entonces, para librar de una vez a nosotros mismos y a nuestra simiente de lo que tememos por ambos, abreviemos, busquemos la Muerte o, si no se halla, suplamos con nuestras propias manos su oficio en nosotros mismos. ¿Por qué seguimos temblando bajo temores que no muestran otro fin que la muerte, y tenemos el poder, eligiendo de muchos modos de morir el más corto, de destruir la destrucción con la

Ella aquí terminó, o el vehemente desespero cortó lo demás; tanto de la muerte sus pensamientos se habían nutrido que tiñeron de pálido sus mejillas.

Pero Adán, por tal consejo nada abatido, a mejores esperanzas su mente más atenta había elevado esforzándose, y así respondió a Eva:

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