en lo más alto fracasé) sobre quien sigue provocando mi envidia, este nuevo favorito del Cielo, este hombre de arcilla, hijo del desprecio, a quien, para más despreciarnos, su Creador alzó del polvo: ¡el desprecio, pues, con desprecio se paga mejor!
Así diciendo, por cada espesura, húmeda o seca, como una neblina negra que baja furtiva, prosiguió su búsqueda nocturna, allí donde más pronto pudiera hallar a la serpiente. A esta, profundamente dormida, pronto encontró, en el laberinto de muchos rollos sobre sí misma enrollada, la cabeza en el centro, bien provista de sutiles astucias: aún no en sombría penumbra o lúgubre guarida, ni dañina todavía, sino sobre la hierba verde, sin temor, sin temores, dormía. Por su boca el Diablo entró, y su sentido brutal, en el corazón o la cabeza, poseyendo pronto inspiró con acto inteligente; mas su sueño no perturbó, aguardando de cerca la llegada de la aurora.
Ahora, cuando la luz sagrada comenzó a alborear en Edén sobre las húmedas flores, que exhalaban su incienso matutino, cuando todo lo que respira desde el gran altar de la Tierra eleva una alabanza silenciosa al Creador, y llena sus fosas nasales con fragancia de gratitud, salió la pareja humana, y unió su culto vocal al coro de las criaturas sin voz; hecho esto, disfrutan de la estación, propicia para los más dulces aromas y aires; luego conversan sobre cómo ese día podrán cumplir mejor su creciente labor; pues su labor superaba con mucho la rapidez de las manos de dos, con un jardín tan extenso; Y Eva primero se dirigió así a su esposo:
“Adán, bien podemos aún afanarnos en arreglar este jardín, en cuidar planta, hierba y flor, nuestra placentera tarea encomendada; mas, hasta que más manos nos auxilien, la obra bajo nuestro esfuerzo crece, lujuriante por la poda: lo que de día cortamos crecido, o podamos, o encañamos, o atamos, una noche o dos con salvaje crecimiento se burla, tendiendo a lo agreste. Tú por tanto ahora aconseja, o escucha lo que a mi mente los primeros pensamientos presentan: dividamos nuestras