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nydus/Paradise LostPublic
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Libro X

Voraces arrancaron Los frutos bellos a la vista, cual los que crecieron Junto a aquel lago bituminoso donde Sodoma ardía; Este, más ilusorio, no el tacto, sino el gusto Engañaba; ellos, creyendo neciamente calmar Su apetito con gusto, en vez de fruta Mordieron cenizas amargas, que el ofendido paladar Con estrépito rechazó. A menudo lo intentaron, El hambre y la sed apremiando; drogados otras tantas, Con harto hastío retorcieron sus quijadas, De hollín y cenizas llenas; tantas veces cayeron En la misma ilusión, no como el Hombre A quien ellos vencieron una vez que cayó.

Así fueron plagados Y consumidos por el hambre largo tiempo, y el incesante siseo, hasta que su forma perdida, permitida, retomaron; cada año obligados, dicen algunos, a sufrir esta humillación anual ciertos días contados, para abatir su orgullo, y su gozo por el Hombre seducido.

Sin embargo, algo de su tradición dispersaron entre los paganos que adquirieron, y fabularon cómo la Serpiente, a quien llamaban Ofión, con Eurinome (la muy invasora Eva tal vez), tuvieron primero el dominio del alto Olimpo, de donde por Saturno fueron desterrados y por Ops, antes que naciera el Jove dicteo.

Mientras tanto en el Paraíso la infernal pareja demasiado pronto llegó; el Pecado allí imperaba ya, antes acto, ahora en cuerpo, y para habitar como habitante perpetuo; detrás de ella la Muerte, siguiéndola de cerca paso a paso, montada aún en su pálido corcel; a quien el Pecado habló así:

“¡Segundo vástago de Satanás, Muerte invicta! ¿Qué piensas ahora de nuestro imperio, aunque ganado Con arduo esfuerzo? ¿No es mucho mejor Que haber seguido sentado a la oscura puerta del Infierno haciendo guardia, Sin nombre, sin temor, y tú medio muerto de hambre?”

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