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nydus/Paradise LostPublic
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Libro VIII

«No solo estos bellos confines, sino toda la Tierra a ti y a tu estirpe os doy; poseedla como señores, y todas las cosas que en ella viven, o viven en el mar o en el aire: bestia, pez y ave. En señal de lo cual, he aquí cada ave y bestia según sus especies; las traigo para que reciban de ti sus nombres, y te rindan homenaje con sumisa obediencia; lo mismo comprende de los peces en su acuosa morada, no convocados aquí, ya que no pueden cambiar su elemento para respirar el aire más tenue».

Así habló, y aves y fieras vi venir acercándose de dos en dos; unas humilladas con caricias; cada ave descendía con sus alas. Los nombré a medida que pasaban y comprendí su naturaleza; de tal conocimiento dotó Dios mi pronta aprehensión. Mas en ellos no hallé lo que, según creía, aún me faltaba, y a la Visión Celestial me atreví a decir:

“ ‘Oh, ¿bajo qué nombre⁠—pues tú por encima de todos estos, por encima de la humanidad, o de cuanto a la humanidad sobrepasa, superas con creces mi capacidad de nombrar⁠—, cómo puedo adorarte, Autor de este Universo, y de todo este bien para el Hombre, para cuyo bienestar tan ampliamente, y con manos tan generosas, lo has provisto todo? Mas conmigo, no veo quién participe. En la soledad, ¿qué felicidad hay? ¿Quién puede disfrutar a solas, o, disfrutándolo todo, qué contentamiento hallar?’ Así hablé yo con presunción; y la Visión brillante, como con una sonrisa más iluminada, replicó así:

« “¿A qué llamas soledad? ¿No está la Tierra de varios seres vivos y el aire repleta, y todos ellos a tu orden para venir a divertirte? ¿No conoces su lengua y sus costumbres? Ellos también, y razonan de modo nada despreciable; con ellos halla pasatiempo y ejerce el mando; tu reino es amplio”.

Así habló el Señor universal, y pareció ordenarlo así. Yo, con venia para hablar suplicada, y humilde deprecación, respondí de este modo:

“ ‘No te ofendan mis palabras, ¡Poder Celestial! Hacedor mío, sé propicio mientras hablo. ¿No me has hecho aquí tu substituto, y a estos muy

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