Ve, pues, oh Poderoso, en el poder de tu Padre; asciende a mi carro, guía las veloces ruedas que estremecen los cimientos del Cielo; saca toda mi guerra, cíñete mi arco y mi trueno, mis armas todopoderosas, y la espada sobre tu poderoso muslo; persigue a estos Hijos de las Tinieblas, expúlsalos de todos los confines del Cielo hacia el abismo profundo; que aprendan allí, como mejor les pluga, a despreciar a Dios y al Mesías, su Rey ungido.
“Dijo, y sobre su Hijo con rayos directos brilló de lleno; Él todo a su Padre expresó por entero inefable en su rostro recibido; y así la Divinidad Filial respondiendo habló:
“ ‘Oh Padre, oh Supremo de los Tronos celestiales, Primero, el más alto, el más santo, el mejor, tú siempre buscas glorificar a tu hijo; yo siempre a ti, como es más justo. Esto tengo por mi gloria, mi exaltación y mi entero deleite, que tú en mí, complacido, declares tu voluntad cumplida, cuyo cumplimiento es toda mi dicha. Cetro y poder, dones tuyos, asumo, y más gustoso los resignaré cuando al fin tú seas todo en todos, y yo en ti por siempre, y en mí todos los que amas; mas a quien odias odio, y puedo revestirme de tus terrores, como me revisto de tu mansedumbre, imagen tuya en todo; y pronto, armado con tu fuerza, libraré al Cielo de estos rebeldes, arrojados abajo a su morada del mal preparada, a las cadenas de la oscuridad y al gusano imperecedero, que contra tu justa obediencia pudieron rebelarse, a quien obedecer es la entera felicidad. Entonces tus santos, puros y de los impuros muy separados, circundando tu monte santo, aleluyas sinceros te cantarán, himnos de alta alabanza, y yo entre ellos el primero’ ”.
Así habló, y, sobre su cetro inclinándose, se levantó De la diestra de la Gloria donde estaba sentado; Y la tercera mañana sagrada comenzó a